4.6.09

El viento me recorre de pies a cabeza, mis ojos van cubiertos pero siento que alguien me lleva, que me guía en el camino.

Los quince minutos del trayecto me siento libre, tan libre como un pájaro enjaulado.
Al llegar aquí, entro voluntario en mi propia jaula, cierro la puerta educadamente y perfectamente aleccionado, mientras me dispongo en la postura adecuada, con las dos patas sobre la barra que cruza de lado a lado.........y simulo que me gusta..... pío, pio!

11.5.09

Diluyo el azúcar en el café, disfrutando del leve tintineo que produce la cuchara al rozar los bordes de la taza, mientras aún tengo los ojos cerrados y la otra mano permanece en el bolsillo del pantalón, tal vez queriendo evitar la luz.


El aroma del líquido recién calentado se contonea por la cocina aliviando mi somnolencia, aunque me resisto fuértemente y me siento para no caer redondo sobre el frío marmol gris ceniza de la cocina.

A lo lejos amanece un nuevo día. Creo que cuando llegue hasta aquí me habrá dado tiempo a peinarme y lavarme los dientes, habré terminado el nudo de mi corbata, y estaré en disposición de iniciar un nuevo día, sin más motivos que el simple existir, el dejarme llevar por las cosas como si no pudiera hacer nada en contra y procurándome de los pequeños placeres que hacen de este mundo un sitio más o menos digno donde vivir.

Pero no trataré de engañarme, esto no es lo que me gusta, ni querría permanecer así muchos años más. No he nacido para esto y lo sé, pero tampoco veo alternativas mejores por el momento, para levantarme cada mañana con la ilusión de un niño.

23.4.09

Joe

La sequedad del ambiente le provocaba irritación en los labios, las ingles y detrás de las rodillas. La camiseta de tirantes amarilleaba y los pies descalzos y negros proyectaban dedos torcidos como armas enrevesadas y maliciosas.

El crujir de la madera del porche animaba el movimiento de la mecedora mientras bebía cerveza vertiendo la mitad por los bordes de su boca hacia el resto de su cuerpo. Limpiaba su mano, a veces en la pared de cal desconchada, a veces en sus tejanos llenos de barro.

Detrás de la valla, un huesudo caballo yacía sobre su panza agitando de vez en cuando la cabeza y la cola para sacudirse la molestia de los insectos.


El sol caía pesado sobre todo el rancho y en la radio sonaba una canción con un banjo muy muy lento, casi excesivamente lento, pero que acompasaba perfectamente el ritmo cardíaco de Joe, un tipo acostumbrado a existir, sin más, en un mundo lleno de preocupaciones absurdas.

13.4.09

La historia de tipo de lo más corriente

Si, lo sé, parece que todo me va bien, pero estoy hasta los huevos.

(Continuará...)

16.1.09

Creo que la diferencia entre el niño y el anciano es, que a lo largo de los años, se tolera más y mejor el dolor y aumenta el espíritu de sacrificio.

15.1.09

Ataxia - Mi Galaxia

La sangre vuelve a correr acelerada por mis venas, vuelvo a sentirme vivo, con ganas, iniciativa, ideas nuevas. Vuelvo a ser yo, el que recorre la galaxia en su nave blanca con Radiohead en el equipo de música sideral. Wow...tendríais que ver su cara cuando atravieso los meteoritos conduciendo con una mano y saludando con la otra mientras bailo (o simplemente dejo llevarme por el compás y el retumbar de sus frecuencias graves).

Insisto, vuelvo a imaginarlo todo, reconduzco mis esfuerzos y cada segundo de mis días a crear, a sorprender, a ilusionar, a querer y a dejarme querer. Volver a sentirse útil, responsable, capaz, suficiente y, como siempre, un eterno retorno de aprendizaje y enseñanza.

Y ahora, si me disculpáis, voy a poner un poco de "sopa" al cacharro, aprovechando que el Gas-Oil está a un precio asequible.

je je je

29.9.08

Profundo pensamiento

Cuando dejo a mi mente volar libre me siento muy feliz y hasta un poco gilipollas.

Deseo encontrarme gente conocida para charlar con ellos y escucharles sonriente, no sé por qué. Tal vez porque quiera después contarles yo que me siento feliz ese día, aunque ellos piensen que estoy un poco gilipollas.

Pongo la música alta en el coche y abro la ventanilla. ¡Quiero que oigás conmigo este tema!
Cedo el paso, respeto los imperativos STOPs y hasta me detengo amablemente en el paso de cebra, medio borrado del asfalto, incluso cuando la octogenaria aún está saliendo del portal de su casa.

Ese día me da igual que me quiten un sitio en la puerta de mi casa, me da igual mancharme comiendo o incluso que se me caigan las llaves o el móvil debajo del coche al ponerme la chaqueta corriendo.

Llego al supermercado y dejo pasar a una señora que me recuerda a mi madre y que solo lleva un cartón o dos de leche, aunque después silbe al impetuoso marido que afronta a toda velocidad el pasillo central con un carro repleto de comida para una familia numerosa. Pero me da igual, el hilo musical me entretiene, aunque sea ese himno ochentero que en otro momento me hubiera hecho vomitar.

Y es que hay días en los que no sé por qué, dejo mi mente libre y me siento muy feliz (hasta un poco gilipollas).